Repollo a la mantequilla.

Repollo a la mantequilla.



Conocen esa extraña verdura también conocida como col, pues el día de hoy decidí preparar una y entre que la compraba y partí en cuartos para desinfectarla la vida me regalo algunos aprendizajes. Por ejemplo, la consciencia clara de que cada quien tiene el derecho a ser como es. Se trate de sus actitudes, conceptos sobre la vida, su cuerpo y formas de preparar el col.


Y claro, que entre mil diferentes maneras de vivir cada quien lo hace porque está seguro de que es la mejor manera de prepararlo. El punto es conseguir el mejor sabor de la vida ya sea consiguiendo la meta o preparando una mantequilla para untar las hojas ya secas de repollo.


Lo más importante es conseguir el resultado anhelado sin perder la ruta en opiniones diferentes sino enfocado en la propia intuición por ello mezclar a la mantequilla pimienta, ajo, un poco de consomé de pollo en polvo (poco, es importante no excederte sino permitir que tu cuerpo indique la cantidad tolerable de sal), hierbas finas secas y al horno por el tiempo suficiente, pacientemente otorgado como funciona en general cuando pretendemos conseguir el mejor rendimiento en lo que hacemos.


Y ¡vuala!, ahí está, el resultado anhelado vuelto realidad, ¿Cómo en la vida misma?


Eso espero, ahora tengo un delicioso repollo a la mantequilla. ¿Será que el proceso funcione en otros aspectos de la existencia? Como en una transformación personal. Es decir, no se trata de que quieren los otros, lo que es para mi particularmente es importante que sea como lo quiero. Claro si involucro a otros es probable que entre en contradicción pues hay algunos que ni les gusta la col y mucho menos prepararla y también tienen derecho, cada uno a su manera sin tener que violentar al otro yo puedo invitar a quien sea para que pruebe mi platillo, pero puede no hacerlo o tal vez no le guste. Eso podría ser el tema de otra receta por lo pronto gracias a esta, refuerzo mi idea del valor de lo personal, la frase maravillosa de Sergio Vázquez: “Del anhelo al encuentro”, la fuerza de la paciencia que se traduce en la diferencia temporal entre lo pensado y lo creado.

Bueno el resultado: deliciosa comida. Puede ser plato fuerte, guarnición o botana.


Ojo hay que consumirla caliente.


Buen provecho.