MÁS ALLÁ DE LA PERSONA



Ancestralmente, a través de los místicos orientales se reconocía ya la experiencia de ser más que lo que la mente individual indica.


Hace poco encontré una frase que dice: “no eres un cuerpo al que le habita un alma, eres un alma que habita en un cuerpo”. Y este concepto de alma se traduce en el trabajo transpersonal a la consciencia de ser energía. Lo que nos conduce a entender que en este sentido no estamos sujetos a tiempo o espacio. Es decir, somos todo: lo que la humanidad ha creado habita en nuestro interior, lo que el futuro nos deviene ya existe en nosotros, los otros los espacios, el conocimiento, en fin “todos somos uno”.







Tal vez la consideración hecha de esta manera solo nos conduce a una información más, sin embargo, en este tiempo en que la violencia parece expandirse es verdaderamente importante que asumamos esta manera colectiva de existir, pues si revisamos nuestros sentimientos, pensamientos, conductas y basados en que “Nadie sabe más de mí que yo”, podemos asumir responsablemente qué es lo que aportamos a la totalidad.

¿Nos hemos puesto a pensar que aquellos sentimientos que alojamos en nuestro interior finalmente van a sumarse a esos otros que contienen la misma intención? Entonces, de acuerdo a ello, a que le apostamos: ¿al bienestar, felicidad, crecimiento, creatividad o a la descalificación, envidia, critica malsana, competencia, rechazo?

Los grandes recursos que poseemos para aligerar el tren de la violencia se concreta en dos puntos: CONSCIENCIA y RESPONSABILIDAD.

La primera para “darnos cuenta” de cómo contribuimos, qué es lo que en nuestro interior alimentamos y desde ahí poder modificar. Y la segunda para hacernos cargo, responder por nuestras acciones y saber que si hay violencia en nuestro entorno es porque de alguna manera participamos en ello y sobre todo que la paz, el amor, y el crecimiento alrededor también se ha alimentado con nuestro ser personal.