El día que me asumí persona de riesgo

El día que me asumí persona de riesgo




Ahora con la pandemia tuve una especie de epifanía, me di cuenta que ya llevaba unos años aventajada en el grupo de los “mayorcitos”, los de enseguida de mí, se fueron yendo y me percaté que era de los “siguientes” y mis hermanos también (menos uno), muchos de mis amigos.


Somos los que siguen y esto de hacerse “vieja”, es un verdadero trabajo de consciencia y claro, también de actitud, aunque eso último no se me da fácilmente.

Ya he llegado al tiempo en que es seguro que no hay tiempo, la muerte de alguna manera importante, ya se hizo presente. Las cosas entonces, no quiero pensarlas tanto, quiero hacer solo lo que quiero hacer.


Recuerdo a Susana Alexander diciendo: toda la vida preocupada por algo: Que si va a crecer lo que tiene que crecer. Qué si voy a estudiar o me voy a casar, que si los hijos.


Y ahora que ya todo eso paso; que sé que solo me tengo a mi…resulta que ya soy vieja.


Eso me asustó.


Yo quiero ser esa mujer que es como es, que cree en lo que cree y que sabe que sólo necesita el permiso de su consciencia para actuar como me plazca.

Ya sé que no soy mala, tengo defectos que a algunos les parecerán graves para mi son llevaderos.


Sé que lo que es, es y no vale la pena sufrir por lo que no es, porque no es.

Que el dolor duele y que soy resiliente.


Por eso, si me anda gustando ser de la tercera edad. Voy más despacio y voy más clara del camino.


¿Qué si me dicen vieja? Pues ya que, tengo canas en las cejas.