Algo se reacomodo en mi vida

Algo se reacomodo en mi vida




En este periodo llamado pandemia he vivido grandes aprendizajes y muchas bendiciones. Cada vez, tengo más claro el sentido de este movimiento, que como característica tiene que todo está más rápido. Con ese soborno entre la intensidad y la intimidad. Y no está mal, los más jóvenes lo necesitan para sentir la vida. Los que siguen de nosotros más jóvenes, crecieron con una fuerte influencia de lo automático y ahora les toca decidir hacia donde llevan este mundo.


Más ese cambio de ritmo yo lo viví con mucha fuerza. Primero, intentando entender hacia donde estaba llevando mi existencia, cuáles eran las opciones y me tope que o me sumaba a la convicción de que era como el examen extraordinario: A la vida o le entiendes o te amuelas. Así fue que pase noches casi enteras, agobiada por el miedo al bicho y en esas noches mis mujeres sabias me condujeron amorosamente a la coherencia.


Entendí que el amor cura.


Luego vinieron las tareas: soltar, empatía, respeto a las diferencias. Lo he hecho espero que bien pero no me arriesgo a afirmarlo. A veces me cuesta trabajo.

Una vez trabajando con una de mis maestras, -creo que fue Lourdes Mercado- una meditación, sentí una apertura en el chakra del entrecejo y pude “Mirar” literalmente, una gran lagartija sobre una piedra en un desierto y cada vez que viene un cambio importante, es decir, como la posibilidad de asumir un crecimiento conquistado, de alguna manera la lagartija se hace presente.


Y eso me ocurrió conjuntamente con la exigencia de una Institución Estatal, que yo doy por hecho tiene que ver con las elecciones de gobierno. En fin, también doy por hecho que Lupita es responsable de todo lo que sucede en mi casa.


Lo cierto es que siempre he sido una rebelde. Renuncie a la Universidad del Estado cuando mis valores ya no coincidieron con su propuesta y así una y otra vez en mi camino laboral cuando la perspectiva ya no coincidía.


Llegué entonces al sitio que supuse era lo mejor que había y yo estaba ahí.

Pues han de creer que el Estado me atrapo y dijo hasta aquí llegaste dizque espíritu libre tienes que entender que yo mando. Con esa expresión patriarcal del medioevo. Y que me asusto por lo que comencé a meditarlo.


Así fue que me di cuenta que ya no tengo miedo, no voy a hacer lo que no quiero hacer. No estoy contra la ley o no se si estar avalada por la Federación del País y con 45 años de servicio no cuente. Pero ya no quiero y si ahora que voy a cumplir 65, ya soy persona de riesgo (creo que eso he sido en más de una ocasión). No me pidas por Dios que haga un tramite que me implica en tanto la pandemia, poner en riesgo la distancia sana. Concedo si organizan y se consigue en línea. Así si lo hago. Pero no me pidas que me certifiquen un puño de psicólogos que no necesariamente terapeutas, después de 45 años dedicada a la docencia y la práctica privada.


Decido que no, que mi vida se ponga emocionante, aunque sea en eso. No voy a jugar a que alguien me manda. Yo voy por mi camino.


De ahí que me percato que esta soy y no quiero ser otra. Y pienso que es buena idea vivir como somos, entendiendo que el hacerlo no me da el poder de tomar la vida de otro a mi servicio o bajo mi control. Mis hijos ya crecieron, hacen lo suyo. Mis alumnos no son mis hijos y también hacen lo suyo. Yo hago lo mío, así quiero vivir.


Confieso que a veces me atoro al grado de que pensé en un cuento sobre un Despertar de la consciencia” Cuando me di cuenta de que todos éramos los androides de seres superiores que nos controlan desde una dimensión diferente y ahora en esto que llamamos pandemia se trata de que a sus fierros les cayo un bicho y vienen a talar a todo el que tenga el bicho y si se dan cuenta no solo es el bicho muchos se han ido en este tiempo y no lo tenían. Vinieron por los que necesitan allá por algo. Pero si de pura casualidad esta locura llamada cuento fuera cierta quiero hacerme a la idea de que soy libre y solo Dios y yo decidimos sobre ella.