¿QUÉ HAGO CON ESTA EMOCIÓN? (primer artículo de varios sobre el tema).


Muchas veces en medio de alguna crisis, me he preguntado el para qué de mis emociones, cómo es que me lleno de tanta rabia, tristeza, amor o pasión.


Sobre todo porque he crecido en un ambiente en el que se da por hecho que lo que yo siento “alguien” o “algo” me lo provoca y perfectamente puedo recordarme como niña escuchando a los adultos alrededor de mi diciendo cosas como:


-“Nadie llora de nada, debes de tener una razón”


-O una frase amorosa de mi padre: “¿quién te hizo qué?, en busca de la razón de mi llanto.


- Peor aún cuando la amenaza era: “Ándale, sigue llorando y entonces te voy a pegar para que llores por algo que valga la pena”.


¿Habrá de verdad “algo” por lo que valga la pena llorar?....


Con el tiempo, los estudios y la grandiosa experiencia compartida con las personas que acuden a la consulta, cada vez estoy más convencida de que las emociones no son una cuestión interpersonal en el estricto sentido de la palabra. A lo que me refiero, es que estas maravillosas respuestas a las que llamamos emociones, nos hablan más de nosotros que de los otros.


Imaginémoslas como un monitor que nos retroalimenta en relación a lo que ocurre a nuestro alrededor, y nos va indicando si nos encontramos a la distancia justa del otro o de lo otro o si necesitamos alejarnos o queremos acercarnos más.


Y afortunadamente son una gran herramienta porque vienen en paquete completo. Por ejemplo:


El coraje: Nos pide que pongamos distancia respecto a alguna circunstancia con la que nos estamos de acuerdo, pero además nos surte de la adrenalina suficiente como para llevar a cabo dicha distancia.


La tristeza: Nos indica que en ese momento no tenemos la energía suficiente como para enfrentar condiciones que requieran de un gran esfuerzo, nos invita a detenernos, a descansar a entrar a un espacio íntimo en el que podemos vivir un duelo y asumir alguna pérdida.


Me parece que es tiempo de dejar de jugar tenis con nuestras emociones, adjudicando a los demás la responsabilidad de las mismas y comencemos a hacernos cargo de los mensajes que estas maravillosas emociones tienen para nosotros. No en balde dicen que las emociones son mensajes que Dios nos manda para indicarnos el camino a seguir.